Pepe Sombrero
- 29 sept 2016
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¿Qué podía hacer Pepe Sombrero, cuando la única tienda que le proveía la razón de su apellido, cerró sin dar previo? Pepe compraba dos sombreros a diario, uno para el día y uno para la noche –a veces otro a mediodía, con él nunca se sabía–. Nunca quiso decirle a nadie la razón de su obsesión, pese a ser famoso por su condición. Lo miraban, sí, lo admiraban, también. Cuando el almacén cerró, entró en depresión; el pueblo lo visitaba, sí, “pobre Pepe”, murmuraban; al principio todos se condolían, hasta que un día, sin razón aparente, nadie lo visitó, ningún ser humano le llamó, “¿qué putas pasó?”, se preguntó, y a la calle salió en busca de explicación; ¿con qué se topó? Con el Gato con Botas –mucho cabrón–. “¡A falta de sombreros, mejores son botas!”, el pueblo exclamó. “¡Toda la plusvalía perdí!” concluyó.

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