Un pequeño empujón
- 5 abr 2019
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A veces la mente juega trucos: más que especulación, es una verdad a voces. Todos sufren en silencio y están muy asustados para admitirlo. Las oportunidades vienen y van y las que se dejan pasar son un pase de satisfacción para la cruda cabeza, que halla regocijo en el fracaso. Pero ¡hey! Basta de existencialismo, el título de este texto es Un pequeño empujón.
Hoy puse en jaque al hábil jugador que empecé describiendo: le vencí momentáneamente y quise jactarme de ello. Vi, cual luz entre la bruma, eso que él con sus artimañas mantuvo oculto: mi talento. No, querido lector, no es cuestión de autoestima. Hoy quise vanagloriar y lo voy a seguir haciendo; es más un asunto de perfeccionismo: pasar horas mejorando lo ya dominado hace que mi vista se pose en lo que podría llegar a ser y no en lo que soy, pero al alcanzar pequeñas victorias en lo que me apasiona logro difuminar las ansias de más y resaltar el deber cumplido, el excelente deber cumplido.
Es probable que un párrafo entero de fanfarroneo resulte molesto, pero si lo piensa, es un mal necesario. Como inicié contándole, la vida se pasa entre suplicios callados y, de vez en cuando, vale la pena hacer público eso que uno admira de sí, ¡con orgullo!, ¡CON GRITOS! Porque finalmente, la felicidad es más bella cuando se comparte.

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