- Celeste Granda
Anhelo es aferrarme a que mi perro no moriría; es esa vida paralela que me imagino en el trayecto a casa; es el camino que no tomé, pero que hubiera querido; es ese concierto al que no fui, la persona que no abracé y el secreto que no conté. Anhelo es conocer a alguien sin hacerlo, es caminar bajo la lluvia con ideas diversas en la mente, obviando la gripe que se viene. Anhelo es una canción de Foo Fighters, una noche fría y todo lo que está por venir.
- Celeste Granda
Hay un hombrecito vestido de azul que se posa ahí, al lado de mi cuello, cada vez que voy a hablar, a actuar, cuando voy a comer y, en suma, al momento de vivir. Ese hombrecito es suspicaz, nota cuando lo percibo y se camufla entre mis pensamientos; me entiende: sabe cómo funciono y cómo quiere él que funcione.
El hombrecito de azul no me deja ver su cara, he ahí el truco: mantiene su perfil bajo en pos de encubrir sus intenciones y dejarme en ascuas. Este hombrecito no me habla, no me deja verlo, pero me permite intuir cómo luce.
Hombrecito, hombrecito… mucho, mucho te detesto.
- Celeste Granda
Está claro: la música es mi pasión, ¿por qué? Por su capacidad de conexión, porque una melodía, sin importar su temporalidad, puede enlazarse con el presente, encajar de forma perfecta con lo que acontece en una época distinta a la suya.
Gran parte de mis ídolos pertenecen pues a este género, Layne Staley, exvocalista de 'Alice in Chains' y 'Mad Season', es uno de tantos. Claramente no puedo describir su vida personal -no le conocí-, pero sus canciones esbozan lo que pasaba por sí. Fue un hombre atormentado -como muchos- y -como otros tantos- acudió a las drogas como vía de escape; pero destaco -y es esta una de las razones por las que le admiro- que dejó salir sus miedos para plasmarlos en canciones, mismas que hoy nos acompañan a aquellos que entendemos, o creemos entender, lo que querían decir. Si hay algo que considere difícil, es dejar los sentimientos fluir, permitir que todos los vean, los escuchen; Staley lo hizo magistralmente y aunque seguramente no pudo nunca percibir la magnitud de su quehacer, salvó a muchos con cada letra que permitió viera la luz.
