- Celeste Granda
Corrí, corrí tanto como pude y entre más lo hacía, más cerca le sentía. Seguí apresuradamente, traté de ocultarme en varios callejones oscuros y sin embargo, siempre llegaba. Era como si pudiera prever cuál sería mi próxima parada.
Me atormentaba, sí, me atormentaba muchísimo, era como si nunca le pudiera tener, pero siempre me lo fuera a recordar, con susurros raspantes, que me hacían arder el alma.
Continuaba a paso rápido, me escudaba en las esperanzas –que nunca perdí– de que quizá podríamos unirnos en algún punto, pero eso era improbable, él estaba en un cuento distinto.
En ocasiones dejaba de correr; paraba unos minutos, reposaba y olvidaba mi correría, pero ese sentimiento de vacío no me abandonaba, seguía ahí, cerquita… y por supuesto, mi apuro recobraba sus fuerzas y me obligaba a seguir.
En un punto, cuando me detuve por completo, lo entendí: nunca me abandonará, porque a lo que le huyo es a mí.
- Celeste Granda
Una apología al pensamiento. Ese momento en el que todo lo sucedido, todo lo que pudo haber parecido cotidiano, se conglomera con el fin de producir algo sorprendente, algo que no podría pagarse con dinero en la vida real: los sueños.
La noche es el punto de quiebre del ser humano, lo vulnerabiliza ante la magnificencia de la dueña de todos, la luna. La noche es especial, es descanso, rejuvenece. La noche tiene la capacidad de hacer desaparecer los pesares, de hacerlos más tenues. Cuando todo se oscurece, eso que parecía imposible de arreglar, de repente es reparable y no merece un alto grado de preocupación.
La noche es fuente de vida, de esperanza, frena nuestro existir por un par de horas, para luego abrirle campo a su fiel aliado, a quien nos estrella con la realidad: el amanecer.
- Celeste Granda
Las ilusiones son como aves, esas que alzan vuelo sin importar el clima, las mismas que una y otra vez renuevan su nido, aunque el Universo se empecine en hacerlo caer. Las ilusiones alimentan el alma, le dan esa chispa de emoción a los momentos simples, justifican el diario vivir.
Las ilusiones son las flores del jardín, con su inmarcesible encanto gracias al rocío matutino, con sus espinas, que solo logran hacerlas más bellas, con su frescura y su perfume, que impregnan la existencia de eso mismo, de ilusión.
Las ilusiones son frágiles y efímeras, por eso, por más encantadoras que parezcan, por más increíbles que se puedan percibir y por mucho que se crea que durarán, en algún punto se esfumarán... y de seguro dolerá.
