top of page
  • Foto del escritor: Celeste Granda
    Celeste Granda

Frágiles somos y no lo creemos hasta que -inevitablemente- en el vacío caemos. Oh, cómo pienso en quienes defenderse no pueden, cuando impedida me encuentro y siento en mis adentros un miedo escalofriante al percibir cuán trivial me resulta el dolor cuando no está en mí, cuando no me toca, cuando no me hiere, cuando simplemente poder sobre mí no tiene. [if !supportLineBreakNewLine] [endif]


  • Foto del escritor: Celeste Granda
    Celeste Granda

Vivió para amar, amó para sufrir, sufrió por decepción, se decepcionó por la fallida ilusión y estropeó su corazón. Caminó un poco más y en medio del temor, halló el anhelado fulgor, que por culpa del rencor, apagó con desdén. En medio del caos, unió sus manos, tembló en vano y en silencio se marchitó.

La ira le carcomió, el miedo le consumió y la culpa de no haber aprovechado el momento de dicha, más aún le marchitó. Por fin llegó a la paz y en la mitad del ocaso, notó cuán viejo estaba y lo poco que aprovechó un instante que pudo ser feliz, pero terminó siendo mate y gris.

¿No fue entonces su vida, la reducción lenta de fantasías perfectas, que se tornaron perversas y se lo llevaron a cuestas, echando a la basura el tiempo que no aprovechó, absorbido por la premura? Triste y trágico, querido amigo, es existir mirando a las nubes, en busca de la tierra, tomando a los imaginarios como realidades palpables, que por mucho que se quiera, nunca convertirán en verdad, todo lo que es irreal.


Bien se podría pensar que la pena solo aparece en situaciones consideradas universalmente como hirientes -la muerte de un ser querido, por ejemplo-, pero hay momentos, que aunque podrían verse como irrelevantes, con el paso del tiempo causan nostalgia.

Conocer una banda y admirarla, seguir sus canciones, aprendérselas, llorar y reír con ellas; ver sus vídeos y sentirse parte de otra dimensión por un par de minutos, tener amigos que se identifican con el sentimiento y compartirlo con gozo, ver sus recitales en televisión y pensar "¡qué putería!"; hablarle a los pares de la genialidad de esta agrupación hasta el punto de agotarlos; leer sobre ellos, incluso dibujarlos. Escuchar al vocalista en entrevistas y percibir su inmensa honestidad, su carisma, la pasión por lo que hace, que ya ni su cuerpo puede contener, y que en el interior una vocecita susurre "quiero copiar eso de él".

Cuando se vibra tanto por algo y se tiene la oportunidad de conocerle, de verle en vivo y materializar eso que fue siempre un intangible, la emoción impregna al ser y le hace fantasear, pero cuando por algún motivo -conspiración maligna, quizá- se pierde esa coyuntura y el anhelo se escurre entre los dedos, es cuando se entiende cómo pequeños detalles pueden significar mucho para algunos y nada para otros


bottom of page