- Celeste Granda
Llevo ya varios años intentando ser buena retratista. Que las proporciones, los rasgos, las sombras, los trazos, las luces, la textura. En fin.
Si soy honesta, nada de lo que hago me convence. Y lo que me gusta, deja de hacerlo si lo miro por más de un minuto. Es un martirio eso de compararme con grandes artistas y pensar que nunca tendré su nivel.
Pues bien, hoy dibujé sin modelo de referencia. Así, sin proporciones y precisión, sin atención en sombras, trazos ni luces. Hoy hice lo que sentía y, para mi sorpresa, me encantó. Mucho más que el retrato que repetí. Más que cualquier otro.
Me gustó y no me cansé al mirarlo dos veces. Me gustó y no lo publiqué orgullosa. Me gustó tanto que me hizo sonreír. El dibujo más feo del mundo me hizo sonreír.
- Celeste Granda
Han pasado cinco años y todavía me pregunto si aquello fue amor. Les contaré tan brevemente como los hechos me lo permitan:
Era una tarde calurosa –primer día de verano– y la noche se acercaba. El bus me llevaba más alta que los transeúntes pero más baja que los inquilinos de ese edificio. Tenía escaleras de escape y balcones amplísimos. "Apenas pa’ sentarnos a fumar", pensé.
Él estaba leyendo –¿o tal vez no?– y llevaba esa camisa que solo él podía usar. Una franela vieja, blanca y suelta. Estaba ahí, siendo él, sin saber que no le quité el ojo de encima. Miraba con desdén la calle concurrida que en nada se le parecía y me buscaba, sin saberlo.
El bus siguió y no le volví a ver.
- Celeste Granda
No está bien acostumbrarse a vivir sin amor, a comer solo cuando quisieras no estarlo, a reír frente a extraños mientras lloras por dentro, a pensar y rumiar porque no tienes a quién decirle cómo te sientes, a morir y que encuentren tu cuerpo 10 años después porque a nadie le importas, a mirar fotos viejas porque no hay recuerdos nuevos, a leer porque no hay plan, a enfermarte porque en ese caso es aceptable mostrarte vulnerable, a tener que explicar por qué eres tan tosco, a vestir para agradar, a avergonzarte de ti y decir que sí porque si no, corres el riesgo de volver a estar solo.
