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  • Foto del escritor: Celeste Granda
    Celeste Granda

A veces la música tienen un poder curativo más grande de lo que pensamos. Hemos escuchado mil canciones que evocan la melancolía, pero de oírlas a sentirlas hay un paso importante que conlleva más elementos externos, como las lágrimas; tener los ojos llenos de ellas es el primer paso para acentuar en nuestra mente el poder de un solo de guitarra, de una frase, de una historia contada con ritmo. Las lágrimas no son agua que corre por las mejillas, son momentos encapsulados en pequeñas gotas que no salen de los ojos, sino del corazón. Cuando cada palabra modulada por un cantante llega directamente a las entrañas y se anida en ellas en forma de nudo es cuando sabemos que la fórmula está completa. Las lágrimas no salen porque sí, ellas tienen el poder liberador que la canción tuvo para su intérprete y se nos dieron como el arma secreta que nos hace humanos sensibles, a quienes el dolor les pega como un camión. Cuando algo se sobrecarga no funciona, y el único técnico que puede arreglar el sobrecogimiento del alma es el dolor diluido en sabrá Dios cuántos elementos químicos. Las lágrimas no acongojan, son el pase a la libertad.


  • Foto del escritor: Celeste Granda
    Celeste Granda

Pensé que escribir era lo mío, pero me falta la creatividad que caracteriza a un escritor, su picardía para entretener al lector y generar emoción en él, la empatía para comprenderlo y entregarle un texto de valor, la valentía para mostrarle algo que nunca antes haya visto y flecharlo, la alegría para transmitírsela, la frescura para no aburrirlo, la sensibilidad para hacerlo sentir identificado, la espontaneidad para no encarcelarlo. La madera, en suma, no la tengo. ¿A quién se la puedo comprar?


¿Cómo hace uno para que el fastidio hacia alguien salga a flote, sin herir al susodicho ni, mucho menos, hacer que uno quede mal? Es que nos enseñan las cosas a medias: que no somos perfectos, ni todos nos deben caer bien, pero no podemos demostrar lo que una persona nos inspira realmente porque pasamos al plano grosero; como quien dice: disimule su condición de humano, ¡pero ojo! No deje de serlo tampoco.


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