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  • Foto del escritor: Celeste Granda
    Celeste Granda

De todos los recorridos, estaba ese sitio: Imagine. En el corazón del amado Central Park de un tal John Lennon, a pocos metros del lugar en el que vivió con Yoko y murió a manos de Mark David Chapman. Ahí, donde seguramente él se sentó a componer canciones nunca lanzadas, o tal vez no. De pronto ni pisó ese pedazo de tierra específico, quién sabe. Esa delgada línea entre una calle cualquiera y el pase automático a 1968, donde los 'fab four' cantaban al son de la guerra y pasaban de empalagosos a leyendas del rock con un empujoncito de Bob Dylan. Ahí, donde Lennon firmó un autógrafo a su asesino, lo miró a los ojos y sentenció, sin saberlo, una muerte sucia para sí, por la espalda. Entonces escuché Let it be —¿o fue Love me do?— y pensé: estoy aquí, en ese sitio: Imagine.


  • Foto del escritor: Celeste Granda
    Celeste Granda

A veces la mente juega trucos: más que especulación, es una verdad a voces. Todos sufren en silencio y están muy asustados para admitirlo. Las oportunidades vienen y van y las que se dejan pasar son un pase de satisfacción para la cruda cabeza, que halla regocijo en el fracaso. Pero ¡hey! Basta de existencialismo, el título de este texto es Un pequeño empujón.

Hoy puse en jaque al hábil jugador que empecé describiendo: le vencí momentáneamente y quise jactarme de ello. Vi, cual luz entre la bruma, eso que él con sus artimañas mantuvo oculto: mi talento. No, querido lector, no es cuestión de autoestima. Hoy quise vanagloriar y lo voy a seguir haciendo; es más un asunto de perfeccionismo: pasar horas mejorando lo ya dominado hace que mi vista se pose en lo que podría llegar a ser y no en lo que soy, pero al alcanzar pequeñas victorias en lo que me apasiona logro difuminar las ansias de más y resaltar el deber cumplido, el excelente deber cumplido.

Es probable que un párrafo entero de fanfarroneo resulte molesto, pero si lo piensa, es un mal necesario. Como inicié contándole, la vida se pasa entre suplicios callados y, de vez en cuando, vale la pena hacer público eso que uno admira de sí, ¡con orgullo!, ¡CON GRITOS! Porque finalmente, la felicidad es más bella cuando se comparte.


  • Foto del escritor: Celeste Granda
    Celeste Granda

A veces me pregunto dónde está Dios, qué hace en sus ratos libres y cómo, siendo omnipotente, puede vernos sufrir como en una película paga de la web profunda y simplemente callar. ¿Dónde está cuando los que no hicieron nada para mercerlo, agonizan? ¿Dónde está cuando le pedimos a gritos una señal? ¿Por qué deja que pelechen los tormentos? ¿Tan divertido es escuchar súplicas?

Me pregunto por qué debo buscar confort con una canción en vez de verlo a Él, hablar con Él y sentir su porqué. Ya sé lo que me dirán los más fervorosos de su fe, que es esa canción su materialización en la Tierra, pero entonces, ¿por qué termina el sosiego con el último acorde? ¿Por qué tengo que presionar play again para sentirme viva?


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